sábado, 6 de diciembre de 2008

Vermillion

Capitulo 1.- Vermillion parte 1

En el bosque conocido como Vermillion, un lugar en el que el día y la noche no existen, vagaba una curva y cansada figura. Que sin proponérselo se topo con un joven cazador, el cual muy extrañado de ver a una joven dama andar sola por el bosque le pregunto su nombre y el por que de su soledad.

-Tengo varios nombres mi señor, pero ni uno de ellos es de mi agrado. Aun así podéis llamarme Mort. Y estoy aquí por razones de trabajo y destino.-
contesto la joven de cabellos negros y ojos del mismo color que brillaban sobre una piel mas pálida que el blanco mismo.

El joven se sorprendió al oírla hablar, de una manera tan vieja y pasada de moda. Ambos se sentaron en un árbol caído y empezaron a conversar. El joven le contó de su familia que lo esperaba en su pequeña y sencilla casa, de su prometida que era mas bella que la luna, de la presa que aun no casaba. Mientras que ella le escuchaba atentamente y sin dejar de ver un pequeño reloj de arena que cargaba. Después de unos minutos de una charla concentrada solo en el cazador. Este tuvo una enorme necesidad de saber sobre su acompañante. Le pregunto su edad, de donde era, sobre su familia, su trabajo y otras cosas mas que no me ayo digno de decir.

-Acaso no sabéis joven que es de mal gusto preguntarle la edad a una mujer. Aun así, le diré que soy mucho más vieja de lo que podéis imaginar. Soy de aquí y de todas partes. No tengo un lugar fijo. No tengo familia y mi trabajo es uno que no le desearía a nadie ni a mi peor enemigo si es que alguna ves encuentro a alguien digno de ese titulo.-


El cazador no quedo satisfecho por la contestación así que continuo cuestionándola sobre su trabajo.

-Veo que sois muy curioso para ser un cazador… Aun así es grato que alguien se interese por mí. Trabajo recolectando relojes de arena. Una ves que estos se han vaciado, es mi deber llevarlos a su nueva morada. Pero no es mi decisión el lugar en que los dejare. Es mi jefe el que decide… no, no me gusta decir su nombre, me da escalofríos el solo pensar en él… Aun que al principio mi trabajo me gustaba, he de deciros que ahora me agobia. Desde hace un tiempo tengo que trabajar cada momento y cada segundo del día y de la noche.-

Sin saber el por que el joven se ayo consumido por la curiosidad de saber mas del trabajo de la bella dama que lo acompañaba. Le pidió que le contara más, le dijera algún relato que tuviera o cual quier otra cosa sobre su trabajo y sobre ella.

-Bueno, supongo que aun queda tiempo para una historia...

Fue una hace varios años, cuando llegue a Ciudad Vieja… no esperaba que vos lo conocieras, es una ciudad perdida para el mundo. Habitada por personas con historias más misteriosas, dramáticas y sombrías que toda mi historia completa. Pero mi relato no es de ellos. Es de una pequeña habitación en el hospital Driftwood. En donde un niño y una joven estaban. Ambos se encontraban atados a sus lechos. La joven lloraba y suplicaba ayuda cuando yo entre. Ambos se percataron de mi llegada, ambos podían verme, pero creo que ambos deseaban no hacerlo. Ya que me ignoraron.

-¿Hermana, ya es el momento verdad?- pregunto el niño, aun que le puedo asegurar que ella no compartia ni un vinculo de sangre con él, su voz era quebrada pero intentaba sonar normal y relajado.

-No… aun no… solo necesito liberarme de estas cuerdas.- contesto la joven, os juro señor que por instantes creí que podría soltarse. Pero no lo hizo, la habían amarrado fuertemente.

-No, ya es hora… ¿Crees que duela?- el ya se había dado por vencido, así que utilizaba sus fuerzas restantes para matar las lagrimas que intentaban asomase en sus ojos cafés.

-No, no creo que duela. Debe ser como dormir. Simplemente tienes que cerrar los ojos y dejarte llevar.- la joven había dejado de luchar y ahora alternaba su mirada en el niño y en mí.

-¿Segura?-

-Si, segura- después de esto el silencio se impuso en el cuarto, solo podía escuchar el latido acelerado de dos corazones y el caer de los últimos granos de arena del reloj que tenia que recoger. Pero algo, no estoy segura el que me hizo darle un poco más de tiempo. Así que le agregue algo de la arena de mi propio reloj. El cual nunca se acabara.

-Sabes, tengo miedo… le temo…- ya no pudo retener mas las lagrimas y dejó a su desesperación salir en un mar que descendía por sus mejillas. – Le temo a la muerte.- La joven, no sabia que decir, podía ver en su cara la desesperación, la ira y el sufrimiento que la inundaban. A sabiendas que el tiempo que les había regalado se acababa dijo algo que nunca en toda mi existencia había escuchado y que aun no consigo olvidar por más que lo intente.

-Ella también- cuando decía esto os podéis creer señor, la muy osada se atrevió a sostenerme la mirada mientras recitaba esa maldición -ella también nos teme y nos temerá por siempre. Somos algo que ella nunca será, sentimos lo que ella nunca sentirá y morimos… eso es algo que ella nunca hará.-

El niño también me volteo a ver y con una sonrisa traviesa cerro los ojos y me tendió su reloj. El cual se acabo de vaciar apenas lo toque. Y me marche, dejando a la desdichada joven gritando y maldiciéndome. Esa es una da las historias que mas me han marcado durante esta vida..-

Cuando Mort termino de hablar, el cazador no sabia que pensar. Acaso aquella bella dama que tenia enfrente era lo que pensaba que era. No, no podía ser, la imagen que tenia de eso era…

-Un esqueleto, vestido con una túnica negra y una guadaña en la mano…-


Sin poder evitar que el estupor se viera reflejado en su cara el cazador no pudo decir nada. Solo se quedo temblando y sollozando como un animal capturado y herido. Mort se acerco a él y le susurro en el oído.

-Las apariencias engañan mi señor.- se separo un poco y acaricio la mejilla del joven con su pálida y delgada mano.- Espero que haya disfrutado de sus últimos momentos. Por que yo os aseguro que me ha encantado esta platica. Es una de las pocas y mas amenas que eh tenido este ultimo siglo. Pero a mi jefe no le gusta que me retrase… dice que es de mala educación hacer esperar a los demás.- el joven intento balbucear algo sobre, misericordia, su familia y otras cosas incoherentes -shh, por favor. No suplique, no servirá. Pero de recompensara le diré un secreto que os ruego guardarme. Aquella joven tenia, razón os temo… pero no aun así no puedo escapar a mi destino al igual tampoco puede usted. Ademas le temo más a mi jefe que a enfrentarme a los humanos…-

Sin esperar replica, suplica o palabra alguna mas del cazador Mort tomo el reloj que había ido a buscar y partió en busca del siguiente en su lista...

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